Diccionario Bíblico
SALUDO
Letra S
Heb. 1288 barakh, ברך = «bendecir, saludar»; 7965 shalom, שָׁלֹום = «paz»; gr. NT 782 aspázomai, ἀσπάζομαι = «abrazar» en señal de afecto, «dar la bienvenida, saludar», de la misma raíz que «salud» y «salvación».
1. Fórmulas y gestos.
2. Saludos epistolares.
I. FÓRMULAS Y GESTOS. El oriental concede mucha importancia a las relaciones sociales, y para él cuenta en gran manera el saludo como una fórmula de cortesía. Sin embargo, no dispone de un vocabulario que designe el saludo en general, que el heb. suple con el vb. abstracto barakh, «bendecir», que es desear el bien de parte de Dios (Gn. 47:8–11; 2 R. 4:29; 10:13; 1 Cro. 18:10), y la palabra shalom, «paz», usada a modo de saludo: «le saludaron deseándole paz» (Jue. 18:15; 1 Sam. 10:4; 2 R. 10:13).
Al encontrarse, los israelitas pronunciaban fórmulas expresando los mejores votos y bendiciones. Los más corrientes eran: «¡Bendito seas de Yahvé!»; «¡Dios tenga misericordia de ti!», o una fórmula equivalente (Gn. 43:29; Rt. 3:10; 1 Sam. 15:13). «Yahvé sea con vosotros», a lo que se respondía con «Yahvé te bendiga» (Rt. 2:4). «¡Paz a vosotros!» o «¡Paz a ti!» (prosperidad). Este era el saludo más frecuente (Lc. 24:36), todavía usado en nuestros días entre los judíos, evocando la respuesta «¡Paz a ti!» o «¡Paz a ti y paz a tu familia!» (1 Sam. 25:6; Lc. 10:5). «¡Salud!» era una forma corriente durante el período griego (Mt. 26:49; 27:29; 28:8; Lc. 1:28; en la versión Reina-Valera se traduce como «¡Salve!»).
«¡Viva el rey para siempre!» era el saludo de los israelitas a sus soberanos (cf. 1 R. 1:31); esta fórmula era empleada también por los judíos para dirigirse a los reyes de Babilonia y de Persia (Neh. 2:3; Dan. 2:4; 3:9; 5:10; 6:6, 11). Los saludos de despedida consistían originalmente en una simple bendición (cf. Gn. 24:60; 28:1; 47:10; Jos. 22:6); pero en tiempos posteriores el término shalom fue introducido bajo la fórmula: «Ve en paz» (1 Sam. 1:17; 20:42; 2 Sam. 15:9), aún vigente en tiempos de Jesús (Mc. 5:34; Lc. 7:50; Hch. 16:36) y adoptada por él para despedir a sus discípulos (Jn. 14:27; comp. Lc. 10:5; 24:36; Jn. 20:19).
De todos modos, el saludo más común en este período, tomado de los griegos, era el término khaírein, χαίρειν, que expresaba el deseo de «gozo» o «buena salud» (Mt. 26:49; 28:9; Lc. 1:28). Lo emplearon como burla los soldados romanos al dirigirse al Jesús sufriente y escarnecido: «¡Salve [khaîre, χαῖρε], rey de los judíos!» (Mt. 27:29; Mc. 15:18; Jn. 19:3), y también lo usó Jesús para saludar a las mujeres que fueron al sepulcro el día de la resurrección. «Jesús les sale al encuentro, diciendo: Salve [khaírete, χαίρετε, “salud”]» (Mt. 28:9); aparece también en labios del ángel Gabriel enviado por Dios a María (khaîre, χαῖρε, Lc. 1:28).
Las fórmulas de saludo iban acompañadas de diversos gestos, como levantarse, besarse, inclinarse o asirse la barba. Abraham y Lot se levantaron para acoger a extraños, y se postraron delante de ellos, apremiándolos a aceptar su hospitalidad (Gn. 18:2; 19:1). Booz intercambiaba saludos con sus segadores (Rt. 2:4). Los caminantes saludaban a los trabajadores de los campos (Sal. 129:8). Se dejaba de saludar a los adeptos a otra religión (Mt. 5:47), a fin de no entablar relaciones espirituales con ellos (2 Jn. 11). Los mensajeros encargados de apresurarse en su comisión no debían saludar a nadie por el camino (2 R. 4:29; Lc. 10:4), porque el saludo oriental llevaba mucho tiempo. No implicaba una simple inclinación de cabeza o un ademán, sino una detención en la que se intercambiaban profundas reverencias y preguntas acerca de la salud de la familia y de los propios interesados, con intercambio de buenos deseos y bendiciones. Si alguien iba montado, debía descender de su montura o de su carro (1 Sam. 25:23; 2 R. 5:21).
II. SALUDOS EPISTOLARES. Durante el período grecorromano en Palestina, los saludos epistolares eran de un estilo más directo y breve. El nombre del autor va en el encabezamiento, seguido del saludo: «El rey Alejandro a su hermano Jonatán, salud [khaírein, χαίρειν]» (1 Mac. 10:18). «El rey Demetrio al pueblo de los judíos, salud» (1 Mac. 10:25; cf. Hch. 15:23; 23:26; Stg. 1:1). Seguía una breve oración o deseo de buena voluntad: «gracia y paz», «gracia, paz y amor», etc. Para mandar saludos al final de una carta, a menudo escrita por medio de un amanuense o secretario, se utilizaba el vb. aspázomai, ἀσπάζομαι —que originalmente sig. «abrazar»— como término técnico, p.e. «os saludo en el Señor» (Ro. 16:22, ver también 1 Cor. 16:19, 20; 2 Cor. 13:13; Fil. 4:22; Col. 4:10–15; 1 Tes. 5:26; 2 Ti. 4:21; Tit. 3:15; Flm. 23; Heb. 13:24; 1 Pd. 5:13, 14; 2 Jn. 13). Este uso especial queda ampliamente ilustrado en los papiros, en los que un ejemplo muestra lo profundamente que se sentía la ausencia de saludo. Los papiros ilustran asimismo sobre la utilización de la precisión «en particular» cuando se incluyen varias personas en el saludo, como en 3 Jn. 14.
La conclusión de la carta era, a menudo, una fórmula derivada del latín «adiós» o más exactamente «¡pásalo bien!» (cf. Hch. 15:29). Los judíos añadían un voto de paz (2 Mac. 1:1). Sus saludos eran frecuentemente detallados (2 Mac. 1:1–5) y según la antigua fórmula (2 Mac. 9:19, 20).
De la misma manera que había un saludo de despedida, lo había de introducción. Así, Pablo comienza sus cartas mediante saludos llenos de contenido (Ro. 1:1–7). En la epístola a Timoteo, desea gracia, misericordia y paz a su hijo en la fe; pero el deseo ordinario es «gracia y paz», en línea con la fórmula judía.

