Diccionario Bíblico

SACERDOCIO

Letra S

Heb. 3547 kahán, כהן = «mediar [en cultos religiosos], oficiar [como sacerdote] (Ex. 31:10; 35:19; 39:41; Nm. 3:3–4; Dt. 10:16); 3550 kehunnah, כְּהֻנָּה = «ministerio, sacerdocio» (Ex. 29:9; Nm. 3:10; 16:10; 18:1, 7; 25:13); gr. 2406 hieráteuma, ἱεράτευμα = «sacerdocio», relacionado con el vb. 2407 hierateúo, ἱερατεύω = «oficiar, ejercer el sacerdocio»; 2420 hierosyne, ἱερωσύνη = «sacerdocio», en su calidad de oficio y rango (Heb. 7:11, 12, 24); 2405 hierateía, ἱερατεία = «sacerdocio», el oficio de sacerdote (Lc. 1:9; Heb. 7:5).
1. Reyes y sacerdotes.
2. Sacerdocio en el Antiguo Testamento.
3. Sacerdocio en el Nuevo Testamento.
I. REYES Y SACERDOTES. En el sentido común de la palabra, sacerdocio indica una función específica y esencial que siempre ha existido en la historia de las religiones para vincular al hombre con la divinidad y a esta con el hombre. En un principio, los hombres principales de la tribu eran a la vez reyes y sacerdotes. En Egipto era a la vez sumo sacerdote y faraón. Lo mismo ocurría en Asiria, Babilonia, Sidón y Arabia. En el primer libro de la Biblia se nos habla > de Melquisedec, sacerdote y rey de Salem. Ha medida que la sociedad creció, se hizo necesario delimitar las funciones de gobierno y culto en persnas distintas, aunque la realeza conservó durante siglos su carácter religioso, que incluía la creencia en sus poderes taumatúrgicos o milagrosos. Las funciones de los sacerdotes eran sobre todo de tipo cultual, dirigidas a asegurar el servicio a los dioses en los lugares consagrados a tal efecto, tenidos por «la casa del dios».
II. SACERDOCIO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO. En la era patriarcal, eran los cabeza de familia quienes ejercían el sacerdocio, especialmente el ofrecimiento de sacrificios. Así, vemos que Abraham y los patriarcas levantaron altares y sacrificaban a Dios (Gn. 12:8; 18:23; 26:25; 33:20; 46:1). A Moisés se debe la institución del sacerdocio ejercido por una casta especial, los levitas, que actuaban en nombre de todo Israel (Ex. 29:9; 32:25–29 y Dt. 33:8–11). La tribu entera fue separada del resto de las tribus de Israel para que se dedicara al culto de Yahvé (Nm. 1:49–53). Al mismo tiempo, según la mentalidad semítica, los levitas sustituyeron a los > primogénitos, considerados propiedad de Yahvé, y a los que había que redimir (Nm. 3:12ss; 18:15). Encargados de todo lo relativo al culto, los levitas se dividieron en dos grandes categorías: los > sumos sacerdotes, cuyo cargo se transmitía de padres a hijos, y el resto, ocupado en las funciones secundarias del culto (Nm. 18:1–7).
III. SACERDOCIO EN EL NUEVO TESTAMENTO. Los textos del NT que hablan del sacerdocio respecto al pueblo cristiano son escasos y siempre en sentido espiritual, según es habitual en los autores neotestamentarios, que utilizan varios recursos, como la alegoría, para entroncar la vida y novedad cristianas con las realidades de la vieja dispensación judía, en un juego de sombra y realidad, tipo y antitipo, profecía y cumplimiento. 1 Pd. 2:9 en particular habla del «sacerdocio regio» de todos los cristianos, en línea con textos del AT que se refieren a esta misma idea (Ex. 19:3–6; Dt. 7:6; Nm. 16:3; cf. Ap. 1:6; 5:10; 20:6). Todo Israel, no solo una parte, había sido señalado en principio como nación de sacerdotes (lit. un «reino de sacerdotes», mamlékheth kohanim; Sept. basíleion hieráteuma) para rendir culto a Dios; esto es lo que se entendió como en un principio la voluntad original de Dios para con su pueblo; el sacerdocio aarónico y levítico cumplió su propósito hasta la venida del sacerdote eterno, según el orden de Melquisedec, a saber, Cristo, que se ofrenda a sí mismo a Dios; desde entonces no se reconoce ningún otro sacerdocio.
Gracias a la alianza, todos los israelitas estaban consagrados a Yahvé, y por este título tenían derecho a acercarse a él para rendirle el culto debido. Para los apóstoles no hay duda de que la Iglesia es el pueblo de la Nueva Alianza, sellada por la sangre de Cristo, en quien sus miembros son reyes y sacerdotes; todos y cada uno de los cristianos se encuentran capacitados para ofrecer a Dios el culto que le agrada, en espíritu y verdad, en alma y cuerpo (Jn. 4:4; Ro. 12:1; Fil. 2:17; 4:18; Heb. 13:15, 16; 1 Pd. 2:5.). Los autores apostólicos desconocen la diferencia entre jerarquía sacerdotal y > laicos. En virtud de su unión con Cristo, todos los cristianos son un pueblo santo, escogido y ungido por el Espíritu para anunciar «las virtudes de aquel que los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pd. 2:9).
Los pastores de la comunidad nunca son llamados sacerdotes, sin duda para expresar más claramente la diferencia e incluso la ruptura con la concepción pagana y judía del ministerio, predominantemente sacral y ritual, que imponía un estilo de vida segregado del pueblo. La terminología sacerdotal está ausente de los escritos apostólicos respecto al ministerio. Este no se define ni por el modelo del sacerdocio hebreo, ni por el del paganismo. Véase SUMO SACERDOTE, MINISTERIO, PASTOR, PRESBITERO.