Diccionario Bíblico

Rut

Letra R

Heb. 7327 Ruth, רוּת, prob. «amiga»; Sept. y NT Rhuth, Ῥούθ; Josefo, Rhuthe, Ῥούθη (Ant. 5, 9, 1).
Joven moabita, personaje central del libro que lleva su nombre, el cual narra con un estilo sobrio y conmovedor y en forma novelada, la historia de una “matriarca” de origen moabita (Rut), que se vincula con su suegra judía (Noemí), para convertirse en progenitora de la estirpe de David, héroe judío.
La historia comienza con > Elimelec, un judío de Belén Efrata que emigra a Moab en tiempos de hambre, con su mujer Noemí y sus dos hijos, que se casan allí con mujeres moabitas. Pero el padre muere y después mueren también sus dos hijos. Pasado un tiempo, cuando el hambre remite en Judá, Noemí retorna a su patria. Una de sus nueras, > Orfá, decide quedarse en Moab, mientras que la otra, Rut, acompaña a su suegra, ya que no quiere ni puede dejar sola a la madre de su difunto esposo, y está con ella con todas las consecuencias. De esa manera, esta mujer, siendo moabita, ofrece uno de los testimonios más perfectos de identidad judía (personal y familiar), que se expresa en forma de compromiso de fidelidad personal, en la línea del jesed bíblico (misericordia, pertenencia mutua). Así dice Rut a Noemí: «Dondequiera que tú vayas, yo iré; y dondequiera que tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios» (Rt. 1:16–17). Rut formula de esta manera una tesis absolutamente revolucionaria, que va en contra de la teología y de la política oficial de los puristas de Judá, que en ese tiempo prohibían los matrimonios de judíos con mujeres extranjeras, por pensar que ellas no podían asumir el modelo básico de vida del judaísmo (Esd. 9:1–2; Neh. 13:23–27; cf. Mal. 2:11–12).
Para subsistir, la joven viuda moabita se dedicó a espigar (2:1–23; cf. Lv. 19:9–10; Dt. 24:19–22) en los campos de > Booz, pariente de Elimelec, que se preocupa de ella y la protege, de manera que Rut puede alimentar a su suegra Noemí.
Acabada la cosecha, llega el momento de la trilla, ocasión de fiesta y alegría, para trabajar, comer y dormir en el campo, dando a Dios gracias por la cosecha. En ese momento, Noemí recuerda a Rut el derecho de “rescate” (o goelato) de Booz, que tiene la obligación (o, al menos, la posibilidad) de “comprar los campos de la familia de Noemí”, retomando así su herencia y casándose con la heredera, que es Rut (3:1–18; cf. Lv. 25). Sobre las leyes de separación que promueven los libros de Esdras-Nehemías, el autor de esta historia sabe que hay otras leyes “familiares” de vinculación personal, en la línea del levirato, y que exigen que Booz, pariente cercano de su difunto esposo, tenga que casarse con Rut, integrándola así, de un modo pleno, en la alianza de la vida y familia israelita.
A las puertas de la ciudad se establecía el tribunal público para resolver los temas de la comunidad, y allí acude Booz, apelando a la ley del goelato (el pariente más próximo puede comprar tras siete años la tierra que la familia de Noemí había vendido en tiempo de hambre) y también a la ley del levirato (el pariente más próximo debía casarse con una viuda sin hijos, para dar herencia al difunto: Dt. 25:5–10). Booz apela a esos derechos unidos, y aunque hay otro pariente más cercano (que estaría dispuesto a comprar la tierra, pero no a casarse con la viuda), él recibe ante los jueces de la ciudad la tierra y la mujer (Rut) para así poder asegurar la herencia y descendencia de Elimelec (marido de Noemí) y de Quilión (marido de Rut), ambos difuntos. La asunción de estos deberes era considerada como un acto de generosidad y de lealtad hacia la familia. El primer hijo nacido de esta unión era considerado legalmente como hijo del difunto (4:5, 10, 14, 17), y heredaba finalmente su propiedad en seguimiento de los derechos del primogénito.
En este caso, Booz, que se casa con Rut, es signo del auténtico Israel, que mantiene y promueve unas normas de convivencia fraterna por encima de las leyes de exclusión nacional que quieren separar a Israel y cerrarlo en sí mismo. Por su parte, Rut, sin dejar de ser moabita, se convierte en signo del verdadero pueblo de Israel, por la fidelidad que ha mantenido a su suegra Noemí y por su confianza en la providencia del Dios israelita, un Dios abierto a la vida y al futuro mesiánico.
De la unión de esta pareja, el judío y la moabita, nació Obed, padre de Jesé, que fue padre de David (Rt. 4:13–22). La genealogía con que se cierra el relato ha sido retomada y reinterpretada por el Evangelio de Mateo, que la presenta como centro y clave de la genealogía mesiánica de Jesús, en la que se incluyen las cuatro “mujeres irregulares” que marcan la verdadera regularidad y providencia femenina de la historia (cf. Mt. 1:3–6). Véase BOOZ, LEVIRATO, NOEMÍ, RUT, Libro.