Diccionario Bíblico
ROCA
Letra R
Heb. 5553 selá, סֶלַע, de una raíz inusitada, sign. «elevación», y de ahí «roca, peña, fortaleza»; 6697 tsur, צוּר = «roca escarpada, muro de piedra, acantilado, colina rocosa»; fig. «refugio»; se encuentran cognados de este vocablo en amorreo, fenicio, ugarítico y arameo. gr. 4073 petra, πέτρα, masa de roca, «peñasco», a diferencia de petros, πέτρος, «piedra» o «roca suelta».
1. Imagen de la divinidad.
2. La roca del desierto y Cristo.
I. IMAGEN DE LA DIVINIDAD. Palestina es un país eminentemente montañoso y es natural que la imagen de la roca o la piedra esté presente en la prosa y la poesía hebrea. El heb. tsûr denota grandes peñas y formaciones rocosas, es decir, aquello de lo cual están hechas las montañas. La asociciación de ideas entre roca y montaña aparece en Job 14:18: «La montaña cae y se deshace, y la peña es removida de su lugar». La palabra transmite la idea de lo inconmovible, grande y fuerte. En Oriente Medio muchos dioses recibían el apelativo de «roca». Por eso, el autor sagrado se ve obligado a hacer una diferencia al respecto: «La roca de ellos no es como nuestra Roca» (Dt. 32:31). Yahvé es «la roca» por excelencia de su pueblo, la «roca de salvación» (Dt. 32:4, 15, 18, 37; 1 Sam. 2:2; Sal. 18:3, 31, 46; 19:14; 28:1; 31:3; 42:9; 62:3; 73:26; 78:35; 89:26; 92:15; 94:22; 95:1; Is. 17:10; 44:8), Roca de Israel (Gn. 49:24; 2 Sam. 23:3; Is. 30:29), Roca de los siglos (Is. 26:4).
Las rocas, como a menudo significan colinas y montañas, con sus grietas y cuevas, comunicaban la idea de refugio (Is. 2:10, 19) y salvación (Sal. 62:7; 71:3). Por la misma razón, las rocas elevadas o cumbres servían de «fortaleza» y protección, de modo que el rey David aplica esta imagen a su concepción de Dios (2 Sam. 22:3), que se halla en los Salmos (18:2; 19:14; 27:5; 28:1; etc.).
II. LA ROCA DEL DESIERTO Y CRISTO. En la roca del desierto, de la que Moisés hizo brotar agua, Pablo vio tipificado a Cristo, quien hace brotar de sí mismo el agua vivificadora de la salvación (1 Cor. 10:4). Con ello, Pablo indica que la peña de Horeb era una imagen del Señor golpeado/muerto por nosotros (Ex. 17:6). De esta manera, no solo enlaza con las interpretaciones rabínicas que identificaban esta roca con Yahvé acompañando a su pueblo, sino que prolongaba toda la tradición del AT. Los autores veterotestamentarios no cesan de recordar este milagro de Moisés (Sal. 78:15; 105:41; Sab. 11:4; etc.) porque con toda razón vieron allí en acción el poder misericordioso de Yahvé, capaz de sacar de una peña seca, árida y sin vida, el agua fecunda y vivificadora para un pueblo al borde de la sed y la rebelión. La comparación entre el agua de la roca y el agua de la salvación que brota del costado de Cristo muerto, fue quizá sugerida por San Juan (cf. Jn. 19:34; cf. 7:37), y numerosos Padres de la Iglesia la propusieron explícitamente. Véase PEÑA, PIEDRA.

