Diccionario Bíblico
Riñones
Letra R
Heb. 3629 kileyah, כִּלְיָה = «riñón», pl. keleyoth, כֵּלְיֹות; ac. kalitu; gr. nephroí, νεφροί; Vulg. renes.
En castellano, los «riñones» pueden designar tanto las glándulas secretoras de la orina como la región lumbar externa, los > lomos propiamente dichos.
Indican en el ritual hebreo la parte de los animales que con la grasa y redaño que cubre el hígado había de ser consumida por el fuego. Quizá en razón de su aspecto rojizo, que los relacionaba con la sangre y, por lo tanto, con la vida, eran considerados como propiedad de Dios (Ex. 29:13, 22; Lv. 3:4; etc).
Los hebreos y otros pueblos de la antigüedad, hablaban de los riñones como asiento del deseo y de la interioridad humana (Sal. 7:10; 16:7; 26:2; 73:21; Jer. 12:2). Por eso, en vista del contexto, este vocablo es traducido en ocasiones en las versiones castellanas como «corazón» o «entrañas». En ellos se dejan sentir las reacciones profundas, brotan y alientan deseos y pasiones, se forman designios ocultos, que dan lugar a sentimientos de gozo en el maestro que oye hablar bien al discípulo (Prov. 23:16), o dolor por la prueba (Job 16:13).
Dios, que penetra en el fondo del ser, «sondea los riñones y los corazones» (Sal. 7:10; 26:2; Jer. 11:20; 20:12), pues él los formó (Sal. 139:13). También Jesús conoce lo que hay en el interior del hombre (Jn. 2:25).
El salmista bendice a Yahvé porque «aun en las noches me enseñan mis riñones» (Sal. 16:7), es decir, instruye y corrige su conciencia a través de ellos, lo cual alude a la experiencia del sueño como resultado de la actividad de los riñones. Jeremías, el profeta de la vida interior, se queja del ser humano, que ha sido plantado, que crece y prospera, y tiene a Dios cercano en su boca, «mas lejos de sus riñones», es decir, «de su conciencia» (Jer. 12:2s). Véase CORAZÓN, ENTRAÑAS, LOMOS.

