Diccionario Bíblico
REMANENTE, RESTO
Letra R
Traducción de varias palabras hebreas y griegas que denotan la pequeña parte que queda del pueblo de Israel después de una catástrofe.
1. Heb. 7611 sheerith, שְׁאֵרִית = «restante, lo que queda», término técnico empleado por los profetas para «el remanente de Israel» (Am. 5:15; Miq. 4:7; 5:6–7; Sof. 3:13).
2. Heb. 7605 shear, שְׁאָר = «resto, remamente, residuo» (Is. 7:3; 10:20–22; 11:11, 16; 28:5).
3. Heb. 3499 yether, יֵתֶר = «resto, remamente», de yathar, יתר = «dejar de sobra, quedar de sobra» (Miq. 5:3); aparece 94 veces en el AT, la mayoría de ellas con el sentido general de noticias históricas complementarias que se registran en otras partes (p.ej. 1 R. 11:41). Algunos profetas lo utilizan para definir el «resto de los temerosos de Yahvé», p.ej. Miq. 5:3; Sof. 2:9 y Zac. 14:2.
4. Raíz heb. 6413 palath, פלת = «escapar, quedar libre, sobrevivir» (Is. 4:2; 10:20; Ez. 14:22; Jl. 3:5; Abd. 17).
5. Gr. 3005 leîmma, λεῖμμα, aquello que es dejado, «residuo», relacionado con leípo, λείπω, «dejar, omitir»; «remanente» (Ro. 11:5); loipós, λοιπός = «resto, restante» (Ap. 12:17).
6. Gr. katáloipos, κατάλοιπος = «lo que queda» («resto» en Hch. 15:17, citando Am. 9:12, LXX), relacionado con el vb. katáleipo, κατάλειπω = «dejar atrás, reservar».
7. Gr. 5275 hypóleimma, ὑπόλειμμα = «remanente» (Ro. 9:27, donde se establece el contraste entre la cantidad de Israel como un todo, y la pequeña cantidad de aquellos que son salvos mediante el Evangelio. La cita es principalmente de Is. 10:22, 23, LXX, con una modificación que recuerda a Os. 1:10).
El concepto de «remanente» aparece de forma constante en el AT como un motivo teológico referido al grupo de fieles que sobrevive a las numerosas catástrofes de la historia de Israel, indicio y señal de una futura regeneración nacional (2 R. 19:31; cf. Is. 37:32). Está tomado del ámbito político y militar en un contexto cuando las guerras suponían la total aniquilación del vencido; que se salvase un pequeño resto o remanante se consideraba algo extraordinario. Cuando los asirios invadieron el territorio de Israel y se llevaron cautivos a la gran mayoría, al pequeño grupo que había quedado de las diez tribus se les identifica con el término peletah, «remanente» (2 Cro. 30:6).
En sentido político se habla del «resto de Edom» (Am. 9:12), «de los Refaím» (Jos. 13:12), «del reino de Sihón» (Jos. 13:27), «de los amorreos» (2 Sam. 21:2), «de Asdod» (Jer. 25:20), «de Babel» (Is. 14:22; Jer. 50:26), «de Moab» (Is. 15:9), «de Aram» (Is. 17:3), «de los filisteos» (Is. 14:30; Am. 1:8; Jer. 47:4; Ez. 25:15–16). La experiencia enseñaba que el resto superviviente podía ser el núcleo de un nuevo pueblo; de ahí que se tomara como una imagen o símbolo para representar la esperanza para el pueblo en cuestión.
De manera que el resto o remanente son los pocos que escapan, que se salvan y se mantienen en la voluntad de Dios y superan las catástrofes (cf. Is. 10:22; Am. 5:15). En cada crisis de la historia de Israel va quedando un remanente como promesa de futuro, germen que garantiza el renacer del pueblo (Jer. 40:11). Es el pueblo del Señor, que de una manera u otra ha pasado por el crisol del exilio o de la tribulación. El remanente nunca puede faltar por la fidelidad de Yahvé a la elección. Es su obra (Is. 4:4). Esto se ve en el tiempo de Acab, cuando Dios se reserva 7.000 piadosos que no se han doblegado ante Baal (1 R. 19:18). El remanente es una señal de la misericordia de Dios, la prueba de que Dios no ha desechado a los suyos (Esd. 9:14–15). Es un resto «santo» (Jr. 6:9; Ez. 9:8) que ha puesto toda su confianza en Dios. Este hecho motiva en los profetas la esperanza de que el pueblo siga siendo el elegido, de que Dios siga estando con él. El remanente ha de ser el transmisor de la promesa. La idea se encuentra ya en el yahvista cuando presenta a Noé y sus hijos como el remanente preservado (Gn. 6:5ss.; 17ss.; cf. Eclo. 44:17); lo mismo Lot y su familia, salvados de la ruina de Sodoma, y José, enviado a Egipto delante de sus hermanos «para que quedara un resto en el país» y salvaran su vida (Gn. 45:7). Los castigos de Israel en el desierto al diezmar la población dejan solo un resto (Ex. 32:28; Num. 17:13; 21:6; 25:9).
Los profetas fueron los que más ahondaron en el concepto religioso del remanente. A ellos les tocó sufrir los embates del poderío asirio, con sus secuelas de destrucción y muerte (Am. 5:15; Is. 37:4, 21; Miq. 4:7), y babilónico, cuando Israel se redujo al pequeño grupo de judíos que lograron escapar a la deportación babilónica y permanecieron en Palestina (Jer. 6:9; 15:9; 40:11; 42:15; 44:12; Ez. 9:8; Sof. 2:7).
Cuando Isaías y Miqueas anuncian el retorno del pueblo judío del cautiverio, no se refieren a su totalidad, sino al remanente, gérmen de esperanza y futuro (Is. 37:32; Miq. 2:12; 4:7; 5:7–8; 7:18). Sofonías identifica el remanente con los pobres y humildes (Sof. 2:3, 7; 3:12–13). Los pobres son los que están abiertos a Dios. El profeta, que ha perdido toda esperanza en la conversión de la clase dirigente, de los dignatarios y sacerdotes de Judá, asegura que el futuro depende de los pobres. Ellos son los mejor dispuestos para buscar a Yahvé y su justicia. Vivamente les recomienda que recuperen el «ánimo y busquen» ellos mismos, en vez de dejarse llevar por el desaliento y por los que desaniman con su conducta al pueblo (cf. Sof. 1:6; Am. 5:4–6, 14–2). El pueblo pobre y humilde será el «resto de Israel» (cf. Mi 2:12) y el heredero de todas las promesas. Los pobres de la tierra, desposeídos de la riqueza y el poder, tendrán ocasión de poner toda su confianza en Dios. Y se apartarán de toda falsa autosuficiencia y la vana pretensión de apoyarse en el prestigio de una sabiduría extranjera; tampoco confiarán en alianzas políticas con las grandes potencias. Dios será su único y verdadero refugio. Como después anunciará Jesús: «Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios» (Lc. 6:20).
Para Jeremías, a quien toca presenciar la destrucción de Jerusalén, el «remanente» es el pequeño grupo de habitantes de Judá que han escapado a la deportación y viven en Tierra Santa (Jer. 40:11; 42:15; 44:12; cf. Am. 5:15; Is. 37:4; Sof. 2:7). Pero el profeta no olvida a los deportados, en quienes pone la esperanza del futuro del resurgir nacional (Jer. 23:3; 31:7). La pequeña comunidad de los judíos que regresan del destierro es considerada el remanente (Hag. 1:12; 2:2; Zac. 8:6, 11; 13:8ss.; Esd. 9:8, 13–15).
A partir de esta noción histórica del remanente, comienza a desarrollarse otra noción escatológico-mesiánica, según la cual el «resto de Israel» es el portador de las promesas divinas y el beneficiario en los últimos tiempos de la salvación (Is. 4:4; 10:22; 28:5; Miq. 5:6ss.; Sof. 3:12; Jer. 23:3; 31:7; Am. 3:12; 5:3; 9:8ss.; Ez. 20:35–38; 34:17ss.). Este «remanente fiel» escapará al castigo y a la destrucción (Am. 3:12; 5:15; 9:8–10; Is. 4:2–3; 6:13; 10:19–21; 28:5–6; 37:31–32). El juicio divino separará el resto santo de los rebeldes e infieles (Ez. 20:38; 34:20), pero, significativamente, también entre los gentiles habrá un «remanente» que tomará parte en la salvación de Israel (Is. 19:22–25; 49:6; 53:11; 66:19; Jer. 18:7–9; Zac. 9:7).
El apóstol Pablo entiende que el «remanente fiel» es la parte del pueblo de Dios que ha creído en Jesús como Mesías y se hace así partícipe de las promesas de salvación (Ro. 11:1–7). La Iglesia cristiana adopta la conciencia de ser la representante del remanante fiel en el que culmina la historia de Israel. Ella es el Israel verdadero (cf. Mt. 3:9s; 22:14; Jn. 1:11s; 1:47; Ro. 2:28; 1 Cor. 10:18; Gal. 6:16), depositaria de las promesas y de la salvación (Ro. 9:6–18, 25–29). Véase GENTILES, IGLESIA, ISRAEL, POBRE.

