Diccionario Bíblico

REFINADOR

Letra R

Heb. 6884 tsoreph, צֹרֵף = «refinador, fundidor»; metsareph, מְצָרֵף = «purificador» (Mal. 3:2, 3).
Artesano que hacía pasar varias veces el oro o la plata por el fuego, hasta la desaparición de las escorias del metal (Zac. 13:9; cf. Sal. 12:6). El arte del refinamiento de los metales es comparativamente muy antiguo. Los egipcios desarrollaron la metalurgia hasta un extraordinario grado de perfección, como ponen en evidencia los distintos objetos de orfebrería descubiertos por los arqueólogos. No hay duda de que los hebreos derivaron su conocimiento de este arte de Egipto. El autor del Génesis atribuye a > Tubal-caín el patronazgo de toda obra de bronce y de hierro (Gn. 4:22). Los monumentos egipcios representan en sus inscripciones a operarios soplando el fuego bajo un crisol. Conseguir un grado de calor suficientemente intenso es primordial para el proceso de refinación. La obra del refinador era parte esencial del trabajo de los metales preciosos. Consiste en la separación de la escoria del mineral puro, que se realiza al reducir el metal a estado líquido mediante la aplicación de fuego y con la ayuda de algún tipo de disolventes (cf. Is. 1:25; Jer. 6:29).
El arte del refinamiento, tal como se cita en la Escritura, era de dos clases, según se aplique a los líquidos o a los metales, y el proceso era en sí mismo muy distinto, expresado con dos términos diferentes. La palabra para refinar los líquidos es 2212 zaqaq, זקק = «colar» (Is. 25:6); y para los metales, 6884 tsaraph, צרף = «fundir». Pero con el paso el tiempo, la primera palabra pasó a emplearse también para indicar el refinamiento del oro y otros metales (1 Cro. 28:18; 29:4; Job 28:1; Sal. 12:6; Mal. 3:3).
Los hebreos entendían lo suficiente sobre el proceso de fundición de los metales como para separar las mezclas con minerales comunes, tales como la plata con el plomo, con el que aparece combinada en estado bruto (Ez. 22:18–22; 24:11). Los instrumentos exigidos por el fundidor eran un horno o crisol (kur, כּוּר, Prov. 17:3; Ez. 22:22) y un fuelle (mappúaj, מַפֻּחַ, Jer. 6:29; Prov. 17:3; 27:21). Este trabajo se realizaba sentados (Mal. 3:3), para poder seguir el proceso de fundición y y dejar que el metal fluyera en el momento preciso.
Dios es comparado con un refinador de plata que echa a su pueblo en el horno de aflicción, y lo retira de él cuando puede reflejar en su conducta la imagen divina (Mal. 3:2, 3; cf. Is. 1:25; 40:19; 48:10; Zac. 13:9), pues se decía que la refinación había llegado a su perfección cuando el refinador podía verse reflejado en ella.