Diccionario Bíblico

Prosélito

Letra P

Gr. 4339 prosélytos, προσήλυτος, lit. «que ha venido a unirse», relacionado con prosérkhomai, «venir a»; en el NT se refiere a conversos extranjeros a la religión judía (cf. Mt. 23:15; Hch. 2:10; 6:5; 13:43). En el AT hay repetidas alusiones a extranjeros, heb. 1616 ger, גֵּר, residentes en Israel por diversas razones (Ex. 22:21; 23:9; Dt. 10:19; 1 Cro. 22:2, etc.). A los extranjeros de paso, heb. 5237 nokhrí, נָכְרִי, no se les exigían obligaciones legales ni religiosas, pero a los residentes agregados a la fe de Israel se les pedía la circuncisión (Gn. 34:14; Ex. 12:48; Num. 9:14), la observancia del sábado (Ex. 20:10; 23:12; Dt. 5:14) y del resto de las fiestas santas (Ex. 12:19; Dt. 16:11; Lv. 16:29).
Los fariseos eran muy celosos en su proselitismo (Mt. 23:15). El poeta latino Horacio considera el proselitismo como una característica del judaísmo (Sat. 1, 4, 142, 143). La familia real de Adiabena, al este del Éufrates, adoptó la religión judía (Josefo, Ant. 20, 2, 4). Algunos dirigentes macabeos recurrieron a la fuerza para proselitizar pueblos enteros. Juan Hircano ofreció a los idumeos la alternativa del exilio o la circuncisión (Ant. 13, 9, 3). Los habitantes de Iturea fueron convertidos del mismo modo por Aristóbulo (Ant. 13, 11, 3). En una ocasión, los judíos querían obligar a la circuncisión a dos dignatarios de la región de Traconitis que buscaron la ayuda de Josefo, pero este lo impidió diciendo que «cada cual debe servir a Dios por su voluntad y no obligado por la fuerza» (Vida, 23). Popea, la concubina de Nerón, era prosélita del judaísmo (Ant. 20, 7, 11).
Había prosélitos en Jerusalén en el día de Pentecostés (Hch. 2:10). Nicolás, uno de los siete diáconos de la Iglesia apostólica, era prosélito de Antioquía (Hch. 6:5), ciudad en la que había numerosos adeptos al judaísmo (Hch. 8:27). En Antioquía de Pisidia, un gran número de prosélitos siguió a Pablo y a Bernabé (Hch. 13:43).
Los judíos distinguían entre «prosélitos» y «temerosos de Dios» (Hch. 10:2; 13:43; 16:14; 18:7). Los prosélitos eran gentiles que habían dado su adhesión al judaísmo, en tanto que los «temerosos de Dios» eran los que, sin haber llegado a dar este paso, frecuentaban fielmente la sinagoga. En el rabinismo se distinguían dos categorías de prosélitos: los «prosélitos de la justicia» (geré hatstsedeq, גֵּרֵי הַצֶּדֶק), que se obligaban a la circuncisión, al bautismo, ofrecían sacrificios, y practicaban el judaísmo integral; y los «prosélitos de la puerta» (geré hashshaar, גֵּרֵי הַשַּׁעַר), menos avanzados, que seguían los «siete preceptos de Noé», pero no se sometían ni a la circuncisión ni al conjunto de las ordenanzas judías. Véase NOÉ, Preceptos de.