Diccionario Bíblico

Primicias

Letra P

Heb. 1061 bikkurim, בִּכּוּרִים = «primeros frutos» (Ex. 22:29); 7225 reshith, רֵאשִׁית, lit. «principios» o «comienzos» (Ex. 23:19; Lv. 2:12; Nm. 15:21, Dt. 26:2); Sept. protogennémata, πρωτογεννήματα, aparkhé, ἀπαρχή, aphaírema, ἀφαίρεμα; NT 536 aparkhé, ἀπαρχή = «principio», relacionado con apérkhomai, ἀπέρχομαι, «hacer un comienzo»; Vulgata primitiae, frugum initia.
1. Primicias de la tierra.
2. Primicias espirituales.
I. PRIMICIAS DE LA TIERRA. Primeros frutos, considerados como los mejores de la cosecha. La Ley establecía que pertenecían a Dios, en cuanto Señor de la tierra y fuente de toda fecundidad, ya de plantas, animales u hombres; y que, por tanto, debían llevarse a Dios sin demora, en señal de gratitud: «No demorarás en presentar las primicias de tu cosecha ni de tu lagar. Me darás el primogénito de tus hijos» (Ex 22:29); «traerás lo mejor de las primicias de tu tierra a la casa de Yahvé tu Dios» (Ex. 23:19). La ofrenda de las primicias era común a los pueblos agrícolas: egipcios, babilonios, griegos, latinos, etc. Aparece en el primer sacrificio relatado en la Biblia (Gn. 4:3–4).
Del mismo modo que Dios afirmaba su derecho de propiedad sobre los>primogénitos humanos y animales— primicias del fruto del vientre—, igualmente demandaba los primeros frutos del campo, nacidos del seno de la tierra (Ex. 23:16, 19). Se reconocía así a Dios como el dador de todo y se le daban las gracias (Dt. 26:10). Todos los varones israelitas tenían que presentarse tres veces al año ante el Santuario para presentar las primicias de la cosecha de cebada (en la fiesta de los Panes sin levadura); del trigo (en la fiesta de las Semanas) y de la vendimia (la fiesta de las Cabañas) (Ex. 23:16, 19; 34:22, 26; Dt. 18:4; 26:10; Ez. 48:14).
La ofrenda de las primicias equivalía a un sacrificio de acción de gracias y de consagración, mediante el que se santificaba una parte de todos los alimentos. A menudo se asocian las primicias al diezmo, que al principio parecen confundirse (Dt. 12:6; 11:17; 14:22), aunque en muchos textos se distinguen claramente: el diezmo es la décima parte de los frutos de la tierra y del ganado.
II. PRIMICIAS ESPIRITUALES. En sentido simbólico, el NT hace referencia a Jesús como primogénito de toda la creación, que reúne en sí todas las primicias de las criaturas. El apóstol Pablo empieza presentando la figura de Jesucristo como «primicias de todos los que durmieron» (1 Cor. 15:20). Esta afirmación no tiene solo valor cronológico, sino que va mucho más allá: es el signo de los frutos que deben recogerse todavía. Por ello, la resurrección de Cristo incluye la de los creyentes, consagrando así a todos los elegidos para la eternidad. Aplicando a Cristo el Salmo 8:6: «Todo lo has puesto debajo de sus pies», que se refiere a Adán y al hombre en general, Pablo hace hincapié en el carácter de nueva creación que tiene la obra de Jesucristo, que culmina con la aniquilación del poder de la muerte.
En el mismo sentido figurado, se dice que los cristianos son las primicias del Espíritu, tienen la > prenda de una bendición futura aún más grande (Ro. 8:23; 2 Cor. 5:5; Ef. 1:14). Son las primicias de Dios (Ro. 11:16; 16:5; 1 Cor. 16:15; Stg. 1:18; Ap. 14:4) y del Cristo resucitado (1 Cor. 15:20, 23), «primeros frutos» de la nueva creación de Dios en el Espíritu. Véase DIEZMO, PRIMOGÉNITO.