Diccionario Bíblico
Perfume
Letra P
Heb. 7004 qetóreth, קְטֹרֶת = «perfume, sahumerio, incienso», de 7002 qitter, קִטֵּר = «incienso, perfume»; gr. 3464 myron, μύρον, palabra derivada por los clásicos de myróo, «fluir», o de myrra, «aceite de mirra», de un origen probablemente foráneo, y que se traduce mayormente como «perfume», y también «ungüento».
El perfume se empleaba como cosmético personal en diferentes partes del cuerpo (Ecl. 7:1; 9:8; Est. 2:12), para dar aroma a los vestidos, al mobiliario (Sal. 45:8; Prov. 7:17; Cnt. 4:11), y al vino; también para embalsamar cadáveres y para la unción litúrgica.
El áloe, la casia, la canela, la mirra, el incienso, el nardo, o bien cultivados en el valle del Jordán, o bien importados de Arabia y otros lugares, servían como base para su elaboración (Eclo. 24:15). Las plantas aromáticas se llevaban en saquitos (Cnt. 1:13); también se pulverizaban o quemaban (Cnt. 3:6). La esencia aromática, obtenida por destilación, se metía en cajitas que se colgaban de la cintura; mezclada con aceite, se usaba en ocasiones como ungüento (Is. 3:20; Cnt. 1:3; Jn. 12:3). Los perfumes se mezclaban (Ex. 30:23, 24; Jn. 19:39).
El bálsamo de Galaad y los colirios se empleaban en medicina (Jer. 8:22; Ap. 3:18).
Jesús fue ungido con perfumes de gran precio (Lc. 7:36–50; Mt. 26:6–13). Para sepultar a un difunto se empleaban perfumes y especias aromáticas; en ocasiones, aunque más raramente, los cadáveres eran > embalsamados (Lc. 23:56; Jn. 19:39–40).
Los ungüentos de Palestina se hacían a base de aceite de oliva perfumado (cf. 2 R. 20:13; Prov. 27:9; Ec. 10:1; Cnt. 4:10; Is. 57:9; Am. 6:6).
Consideración especial merece el incienso sagrado, «un perfume según el arte del perfumador» (Ex. 30:35) para ser quemado en el Tabernáculo. Se componía de estacte, uña aromática, gálbano aromático e incienso puro a partes iguales en peso. Nadie podía prepararlo para usos privados, bajo pena de muerte (Ex. 30:34–38).
El myron de los Evangelios se menciona en relación con la unción del Señor en las ocasiones registradas en Mt. 26:7, 9, 12; Mc. 14:3, 4; Lc. 7:37, 38, 46; Jn. 11:2; 12:3, 5. El vaso de alabastro citado en los pasajes de Mt., Mc. y Lc. era el mejor de su clase, y el nardo era uno de los perfumes más costosos. De la acción de la mujer que se menciona en Mt. 26:6–13 dijo el Señor: «lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura», pues este tipo de ungüento se utilizaban para tal fin (Lc. 23:56). Véase BÁLSAMO, COSMÉTICA, GÁLBANO, INCIENSO, MIRRA, NARDO, UNCIÓN.

