Diccionario Bíblico
PEDRO, 2 Carta de
Letra P
1. Género.
2. Estructura, contenido y vocabulario.
3. Ocasión fecha y autor.
4. Relación con Judas.
5. Actualidad.
I. GÉNERO. La introducción, la conclusión y asuntos relacionados con el autor, le dan a este escrito forma epístolar; sin embargo, la ausencia de detalles sobre los destinatarios hacen de él una carta muy impersonal. Nos hace pensar que estamos frente a una homilía presentada como una carta; algunos sugieren que se trata de un testamento para ser leído por todos los creyentes, sin importar su ubicación ni su situación personal.
II. ESTRUCTURA, CONTENIDO Y VOCABULARIO. Esta carta-testamento está dirigida a los que han «alcanzado una fe… preciosa» (1:1), quienes deben cuidarse de ser «desviados por el engaño de los malvados» (3:17). De allí que la mayoría concuerde en que el capítulo dos (donde se describen malvados que se burlan de la inminencia de la venida de Cristo) es gravitante. Si bien a primera vista podría darse a entender que se trata de un documento aparte y paralelo a la carta de Judas, en realidad es el capítulo central de una estructura quiástica. Estos versículos (2:1–22) son el eje sobre el que gravita el resto de la epístola, dándole una unidad completa y compacta (la teoría de que la epístola es en realidad dos cartas, 1:1–2:22 y 3:1–18, basada en la declaración de 3:1 «esta es la segunda carta», no tiene mucho respaldo, aunque ha sido defendida por varios eruditos, debido a que resulta evidente la similaridad y uniformidad de estilo en los tres capítulos). Tanto la introducción (1:1–15) como la conclusión (3:14–18) tienen dos conceptos fundamentales, que servirán para «amarrar» la epístola: la gracia (kharis, 1:2; 3:18) y el conocimiento (epígnosis, 1:2; 3:18), presentados como elementos en los que hay que crecer con empeño (spudé, 1:5; 3:14). En las secciones 1:16–21 y 3:1–13, el autor exhorta a los creyentes a aferrarse a la certeza y convicción de que Jesucristo regresará para imponer su juicio.
El vocabulario de la carta es bastante culto, y muchas veces hasta rebuscado. Se han hallado 56/57 hápax, 32/33 de los cuales no se encuentran en la Septuaginta.
III. OCASIÓN, FECHA Y AUTOR. La razón principal de Pedro para escribir esta carta, a manera de testamento y con el deseo de «estimular la memoria», ahora que su partida está cercana (1:12–15), es presentar a los falsos maestros que han llegado a la comunidad, y que se caracterizan, no tanto por una serie de enseñanzas heterodoxas bien estructuradas, sino por acomodos éticomorales que llegan a manifestar la herejía de la negación del Dios soberano. Es un ambiente similar al de la Epístola de Judas; de ahí los innumerables paralelos entre ambas (ver más adelante). Al igual que Judas, que apelaba a la «fe que fue entregada una vez a los santos» (Jud. 3), Pedro ahora reafirma lo fidedigno de las Escrituras (1:19; 3:16).
La fecha que se pueda asignar a esta carta dependerá de si se la atribuye a Pedro, como ella misma indica, o si la ubicamos en una época posterior. Si fue escrita por Pedro, tenemos que datarla antes del 65 d.C., fecha presumible de la muerte del Apóstol.
Sin duda esta epístola es la más debatida respecto a su paternidad literaria y a su lugar dentro del canon, así como en la comunidad cristiana del primer siglo. Sin embargo, el autor insiste en presentarse como el apóstol Pedro. En la primera línea se define como Simón (realmente Simeón, una forma arcaica del nombre del Apóstol, Hch. 15:14). Afirma ser testigo de la transfiguración (1:16–18), lo que significa que es el mismo Pedro, pues se debe excluir a los hijos de Zebedeo como autores. Afirma también que «esta es la segunda carta» (3:1), asumiendo que la primera se trata de 1 Pedro, ambas de un mismo autor. Las evidencias que nos da la misma epístola son abrumadoras. Sin embargo, desde la edad de los Padres hubo dudas acerca de su autoría. Orígenes fue el primero que mencionó a Pedro como autor de la Primera, pero afirmó que en cuanto a la Segunda había disputa. No dice cuáles eran las causas de esta discusión, pero parece que no eran suficientemente importantes como para consagrarles su atención. Sobre otras citas tempranas de esta carta hay muy poco que decir, pues quienes afirman emplear 2 Pedro, pueden utilizar otras fuentes. El descubrimiento de los manuscritos gnósticos de Nag Hammadi (siglo II) nos ayuda a entender el problema, pues el grupo herético de aquella localidad tenía 2 Pedro como texto normativo, y parece que era abundantemente conocido en su seno.
Ninguna de las epístolas de Pedro aparecen en el Canon de Muratori (siglo II), pero este documento es fragmentario y no dice, como sí hace con otros escritos, que sean falsas. Eusebio colocó 2 Pedro en la lista de los libros discutidos, pero tampoco la incluye entre los falsos. El Canon Siríaco del siglo IV la excluye, aunque teólogos tempranos de la Iglesia de Siria la aceptaban.
Es difícil entender cómo el libro fue reconocido con tanta firmeza algunos años más tarde sin una aceptación anterior. Entre los eruditos contemporáneos se afirma, en general, que al autor hay que ubicarlo a finales de los años 80 del siglo I (los hay que prefieren datarla bien entrado el siglo II), y para dar mayor fuerza a sus argumentos echa mano de la pseudonimia, que era corriente entre los judíos de la época.
¿Cuáles son los criterios por los que esta carta ha sido puesta en tela de juicio?
En primer lugar, salta a la visa las diferencias de vocabulario, estilo y aun de citas del AT. Algunos han constatado el deseo por parte del autor de ser identificado con Pedro; los énfasis doctrinales, por otro lado, son más propios de comienzos del siglo II. La respuesta que se ha dado a estas objeciones ha consistido en relativizar las diferencias entre ambas epístolas petrinas, debidas a nuevas circunstancias, nuevos problemas o también a una mayor inmersión del Apóstol en la cultura donde realizaba su ministerio, como si hubiese desarrollado un nuevo estilo retórico.
Un segundo argumento es la mención de las cartas de Pablo como «Escrituras» y la existencia de un corpus paulino. Pero el texto no alude a ningún tipo de colección, sino a que las cartas de Pablo ya eran conocidas y aceptadas como Escrituras. Esta última parte es uno de los argumentos capitales para negar la autoría de Pedro. Pero se podría tomar a la inversa y ser este pasaje, entre otros, la base para el reconocimiento «oficial» posterior de que las cartas de Pablo eran verdaderamente «Escritura». Sin embargo, de haber sido realizada por el mismo Pedro una aseveración tal en una época temprana, resultaría una declaración desconcertante, fuera cual fuere la posición que se sostenga.
En tercer lugar se afirma que los problemas doctrinales que se intentan refutar son los propios del gnosticismo del siglo II. Pero es evidente que la epístola no trata una herejía específica, por lo que es bastante aventurado señalar una fecha precisa. Se ha demostrado que en la posible época de redacción de esta carta ya existía un «pregnosticismo».
Hay una posición intermedia entre la negación total de la autoría petrina de este escrito y su afirmación enfática. Se ha dicho ya que no se trata de una epístola clásica, sino que se trata más de un testamento, lo que facilitaría afirmar que allí hay palabras que fueron escritas definitivamente por Pedro, pero también existe la posibilidad de que otro discípulo compusiera el «testamento» años después de la destrucción de Jerusalén con su propio estilo en base a las enseñanzas del Apóstol, y que, bajo la dirección del Espíritu Santo, afirmara que era Pedro el autor de todo su contenido. Esto ayudaría a entender la diferencia de vocabulario y estilo, así como también a explicar las palabras de 3:2.
IV. RELACIÓN CON JUDAS. Se trata de otro asunto preponderante y que se puede tratar de resolver. Tanto Judas como 2 Pedro dedican un buen espacio al mismo tema y lo hacen en un lenguaje muy similar. No se trata de un paralelismo largo, pero visto en conjunto, las similitudes son muchas. Carson y Moo ofrecen un cuadro comparativo de Judas 4a y 2 Pedro 2:3; Judas 4b y 2 Pedro 2:1; Judas 6 y 2 Pedro 2:4; Judas 7 y 2 Pedro 2:6; Judas 8 y 2 Pedro 2:10; Judas 9 y 2 Pedro 2:11; Judas 12a y 2 Pedro 2:13; Judas 12b y 2 Pedro 2:17; Judas 18 y 2 Pedro 3:3. Es muy complicado determinar si Judas utilizó 2 Pedro, si fue al revés, o si los dos emplearon una misma fuente. Cualquier posición que se tome será solo una teoría.
V. ACTUALIDAD. En un mundo relativista en cuanto a la autoridad y la ética que se pueda desprender de ella, y donde los distintos enfoques del cristianismo no se destacan por una elaboración teológica bien fundamentada, sino más bien por comportamientos y experiencias subjetivas predominantes, es bueno tratar sobre situaciones éticas contemporáneas basándonos en la Palabra que «es más segura» (1:19), pues ha sido «inspirada» o dirigida por el Espíritu Santo (1:21). Nunca hay que perder de vista el hecho de que es preciso estudiar las Escrituras mientras esperamos la venida de Cristo.

