Diccionario Bíblico
PARUSÍA
Letra P
Trans. del gr. 3952 parusía, παρουσία, lit. «presencia»; denota tanto una «llegada» como la consiguiente «presencia» que se deriva de ella; p.ej. Pablo habla de su parusía en Filipos (Flp. 2:12), en contraste con su apusía o ausencia. Parusía tiene en el Helenismo un significado técnico especial, la presencia de un dios en los actos cultuales o su llegada para socorrer, y sobre todo la «entrada festiva» de un soberano o alto dignatario en un lugar concreto. Las parusías de los emperadores en las ciudades de provincias marcaban fechas históricas. En el AT falta un equivalente hebreo de este concepto, y no se encuentra en la LXX. El término se emplea en sentido escatológico en la apocalíptica greco-judaica. En el NT parusía aparece 24 veces, y casi siempre se aplica a la venida de Cristo en poder y en gloria al final de la historia. En una ocasión describe la presencia de Cristo con sus discipulos en el monte de la > transfiguración (2 Pd. 1:16). También se refiere a la aparición del > Anticristo, el inicuo u hombre de pecado, a su acceso al poder y sus actos inicuos en el mundo (2 Tes. 2:8–9).
La parusía de Cristo será el día gozoso del Señor (1 Tes. 2:19; 1 Cor. 1:31). En las cartas pastorales se usa el término epipháneia, ἐπιφάνεια (1 Ti. 6:14; Tit. 2:13), que indica tanto la primera venida de Cristo en su estado de humillación como su segunda manifestación en gloria. En los orígenes de la Iglesia, los cristianos pensaban que era inminente la venida gloriosa del Señor (1 Tes. 4:17; Ap. 22:20), pero el mismo Jesús había dicho que no se podía saber el día ni la hora (Mt. 24:36). Si aparentemente retrasa su llegada, es porque no mide el tiempo como los hombres y espera con paciencia la conversión de todos (2 Pd. 3:8).
La Iglesia espera la parusía en vigilancia y oración, con la certeza de que después de aquella Pascua referida en los Evangelios, la salvación es un hecho y nuestra vida está desde ahora escondida con Cristo en Dios (Col. 3:3), habiendo comenzado ya los últimos tiempos. La parusía tiene un carácter escatológico relacionado con la plena manifestación de Cristo al final de la historia y del mundo presente, cuando venga para resucitar a los difuntos (1 Tes. 4:16), juzgar a los vivos y a los muertos (Mt. 24:37–43), y establecer definitivamente el Reino de Dios bajo la forma de «nuevos cielos y nueva tierra» (Ap. 21:1). La parusía de Jesús vendrá precedida de algunos signos precursores, como la predicación del Evangelio en todo el mundo (Mt. 24:14: Mc. 13:10), la conversión de los judíos (Ro. 11:25ss), la difusión de la apostasía con la aparición del Anticristo (2 Tes. 2:8–11), y la manifestación de grandes aflicciones y calamidades (Mt. 24:29). Estas señales apocalípticas deben interpretarse según las reglas hermenéuticas, distinguiendo entre el signo y el significado. Además, su repetición a lo largo de la historia indica que no se trata de hechos que sea posible fechar cronológicamente, sino más bien de la expresión de ese continuo y profundo esfuerzo de la historia que se encamina ya desde ahora, bajo la acción del Espíritu y a través de sucesivas etapas, hacia la nueva creación. La salvación es un hecho y con ella el desarrollo paralelo del Anticristo como misterio de incredulidad.
La parusía dirige la historia y el cosmos hacia su cumplimiento, recapitulándolo todo en Cristo (Ef. 1:10), cuando la humanidad creyente será definitivamente glorificada, las potencias del mal derrotadas y el cosmos complenamente transformado, hasta que Dios sea todo en todos (1 Cor. 15:28). Véase ESCATOLOGÍA, VENIDA.

