Diccionario Bíblico
PAPIRO
Letra P
Heb. 1573 gome, גֹּמֶא = «junco, papiro»; gr. pápyros, πάπυρος, lat. papyrus. Planta herbácea llamada Cyperus payrus, de la familia de las ciperáceas. Sus tallos triangulares, de una altura de hasta 2, 5 y 3 m., están coronados por un plumero abundante que se abre en forma de esfera, constituida por innumerables filamentos. Crece en climas cálidos y requiere gral. suelo pantanoso. En la Biblia se habla del papiro de la llanura de Sarón, cerca del mar de Galilea, que se hallaba en las aguas del lago de Huleh (aguas de Merom, actualmente desecado). También crecía profusamente a lo largo del Nilo, de donde prácticamente ha desaparecido.
Se prestaba a numerosos usos. Los egipcios hacían con ellos zapatos, cestos, botes y otros objetos (cf. Ex. 2:3; Is. 18:2). El material sobre el que escribían estaba hecho de fibras sacadas del interior del tallo, que conformaban rollos más o menos largos. Objetos valiosos como soporte material de la escritura, los rollos de papiro se convirtieron en un artículo importante de exportación, que los egipcios intercambiaban por madera de cedro en el puerto púnico de Gebal, desde donde los fenicios lo exportaban a todo el mundo mediterráneo. Los griegos dieron al puerto de Gebal el nombre de Biblos por el material de escritura que de él recibían, y acabaron aplicando esa denominación tanto al material como a los rollos compuestos con él. De esta palabra procede nuestro vocablo «Biblia» a través del latín, con el que designamos el Libro de los libros, así como los términos «bibliografía», «biblioteca», «bibliófilo», etc.
Después de que Egipto abriera sus fronteras a los extranjeros en el reinado de Psamético I (663–609 a.C.), el papiro se convirtió en el principal material de escritura del mundo antiguo, y mantuvo esa categoría durante muchos siglos. En el período de los Ptolomeos y de los romanos había grandes fábricas y depósitos de papiros en Alejandría.
El proceso de su confección era como sigue: el corazón del tallo de la planta se cortaba en tiras delgadas, disponiéndose una al lado de la otra para formar una superficie. Luego se disponía otra capa de tiras en sentido perpendicular sobre la primera. Las dos capas eran unidas mediante humedad y presión, y frecuentemente con la adición de cola. Las hojas se unían entre sí para conseguir un rollo; estas quedaban dispuestas para su uso una vez secas y pulimentadas. Normalmente se escribía sobre el lado en que las tiras quedaban horizontales, paralelas en sentido longitudinal al rollo, pero cuando el material era escaso, el escritor utilizaba también el otro lado (cf. Ap. 5:1). Generalmente se escribía siguiendo la dirección de las fibras. Había rollos que llegaban a medir 38 cm. de altura, aunque los de los escribas no solían tener más de 25. En cuanto a la longitud, hay rollos litúrgicos egipcios que llegaban a los 15 m. y aún más. El Papiro Harris, que está en el Museo Británico, es el más largo que se ha encontrado, con una longitud de 43, 61 m. Estos rollos o libros, llamados por los griegos biblía y por los romanos volumina, se encontraban en las bibliotecas públicas y privadas y en las librerías de las grandes ciudades durante los períodos helenístico y romano.
Con toda probabilidad, los originales de los Evangelios y de las epístolas del NT fueron escritos en rollos de papiro lo suficientemente largos como para abarcar todo un libro. Para los Hechos de los Apóstoles, el libro de mayor tamaño del NT, habría hecho falta un rollo largo. Para escribir una carta, una solicitud o un mensaje breve, por lo general bastaba una sola hoja de papiro, que los griegos llamaban khartes, χάρτης (cf. 2 Jn. 12), de donde proceden los términos castellanos «carta», «cartel», y derivados.
Desde el inicio del siglo II d.C., los cristianos dispusieron las hojas de papiro en cuadernos, a imitación de los codex o > códices utilizados en la «literatura menor». Para conseguir esta especie de precursores de los libros modernos, las hojas de papiro eran dobladas por el medio y se las unía con una costura en el doblez. Con la aparición del > pergamino el papiro encontró un fuerte competidor, más duradero y fácil de usar. El papiro siguió siendo utilizado hasta el siglo VII d.C., cuando la conquista de Egipto por parte de los árabes condujo al desuso de este material con propósitos literarios.
En 1778 llegó a Europa el primer papiro, adquirido por un mercader italiano en Gizeh y regalado al cardenal Esteban Borgia, que lo depositó en el Museo de Velletri. En su honor recibe el nombre de Papyrus Borgianus o Charta Borgiana, cuyo desciframiento marca el inicio de la papirología. Aunque su contenido carecía de importancia, hizo ver que Egipto brindaba las condiciones ideales para conservar documentos antiguos mejor que cualquier otro lugar. El primer papiro literario encontrado en Egipto fue un rollo que contenía el libro XXIV de la Ilíada, comprado por Wiliam Bankes en 1812, quien más tarde lo cedió al Museo Británico. Véase CÓDICE, ESCRITURA.

