Diccionario Bíblico
OFRENDA
Letra O
Del lat. offerre, «traer».
1. Nombres y significado.
2. Ofrendas cruentas e incruentas.
3. Objetos ofrendados.
4. Enseñanza del NT.
5. Ofrendas a los muertos.
I. NOMBRES Y SIGNIFICADO
1. Heb. 4503 minjah, מִנְחָה = «dividir en porciones», de la raíz inusitada manaj, מנח, «dar», usada en Gn. 32:13, 20, 21 cuando se menciona el presente de Jacob a Esaú (Sept. doron, δῶρον). En 2 R. 17:4 se refiere al tributo de un rey vasallo (Sept. manaá, μαναά). En Genesis 4:3, 5 indica un sacrificio en términos generales (doron, δῶρον y thysía, θυσία, indistintamente); en Lv. 2:1, 4, 5, 6 se emplea junto a qorbán, קָרְבָּן.
2. Heb. 7133 qorbán, קָרְבָּן, lit. algo «acercado» al altar, presente u ofrenda sacrificial, de la raíz verbal 7126 qarab, קרב = «allegarse, presentarse, acercarse», de donde «ofrenda, presente», en la idea de que quien ofrece una ofrenda se acerca a Dios; asirio kurbannu; NT korbân, κορβᾶν. Se emplea juntamente con minjah en Lv. 2:1, 4, 5, 6 (Sept. doron thysía, δῶρον θυσία), gral. traducido 4376 prosphorá, προσφορά, lit. «algo que se trae», relacionado con el verbo «ofrecer», de donde «ofrenda»; o 1435 doron, δῶρον, «don, presente» (Mt. 5:23, 24; 8:4; 15:5; 23:18, 19; Lc. 21:1, 4; Heb. 5:1; 8:3, 4; 9:9). En Mc. 7:11 aparecen juntos los dos términos, el segundo como traducción del primero: «Corbán, es decir, una ofrenda a Dios» (korbân, hó esti doron, κορβᾶν, ὅ ἐστι δῶρον).
II. OFRENDAS CRUENTAS E INCRUENTAS. En todas las religiones existe la práctica de ofrecer a la divinidad, dueña de la vida y de las cosas, algo que le pertenece, con la finalidad de reconocer su dominio soberano, purificar las faltas, manifestarle agradecimiento o congraciarse en la petición de algún favor. En el lenguaje cúltico hebreo se distinguen las ofrendas de los sacrificios propiamente dichos, en los que hay inmolación cruenta de una víctima animal. Las ofrendas incruentas, consistentes en productos vegetales alimenticios, se designan mediante el término minjah, מִנְחָה; las ofrendas cruentas, es decir, los sacrificios, se expresan con el término 3076 zebaj, זֶבַח, de una raíz que sign. primariamente «matar un animal». Así, es necesario distinguir entre ofrendas sin sangre, menajoth, מְנָחֹות, y sacrificios con sangre, zebajim, זְבָחִים (cf. 1 Sam. 2:29; 3:14, Sal. 40:6; Heb. 8:3). Minjah se usa en Gn. 32:13, 20, 21, respecto a los presentes de Jacob para su hermano Esaú. En Lv. 2:1, 4, 5, 6, alterna indistintamente con la palabra qorbán, קָרְבָּן, para denotar las «ofrendas vegetales».
La minjah estrechamente relacionado con la olah u > ofrenda quemada, y tiene que ser considerada como una prenda de amor, gratitud y acción de gracias a Dios, Dador de todo lo bueno. Era un reconocimiento de parte del hombre de que «de Yahvé es la tierra y su plenitud». Parte de ella era llamada «memorial» y quemada con fuego, mientras que el resto era comido por el sacerdote y su familia, no por el oferente.
III. OBJETOS OFRENDADOS. En el sentido más amplio de la palabra, las ofrendas comprendían en el ritual hebreo un gran número de cosas: primicias de los frutos (Nm. 18:12, 13), de los rebaños (Ex. 22:29, 30; 23:19; Lv. 23:10), incienso, sustancias aromáticas, harina (Lv. 2; 6:7–16), madera, vino (Lv. 23:13; Nm. 15:4, 5), pan, aceite y animales limpios, como cabras o palomas, pero no peces. Estos animales debían carecer de imperfecciones, no tener manchas (Lv. 22:20; Mal. 1:8). La ofrenda no es sino la devolución de lo que por derecho propio pertenece a la divinidad y, por tanto, debía ser perfecta, como son las dádivas de Dios. A excepción de las palomas, no podían tener menos de ocho días (Lv. 22:27). Los animales pequeños, como corderos o cabritos, eran comúnmente de un año (Ex. 29:38; Lv. 9:3; 12:6; 14:10; Nm. 15:27; 28:9sq.). Los toros y bueyes solían tener tres años.
IV. ENSEÑANZA DEL NT. El sistema levítico de ofrendas y sacrificios es considerado por los autores del NT como sombra o tipo de las realidades que habían de venir, imágenes que a su manera, oscuramente, indicaban al pueblo de Dios la obra que iba a ser llevada a cabo por la gracia divina cuando llegara la plenitud de los tiempos. La palabra gr. 4374 prosphero, προσφέρω, indica la ofrenda de dones de muchas clases, p.ej., las realizadas por los magos; la ofrenda o don sobre el altar, referencia evidente a las ofrendas ordinarias prescritas en el Levítico (Mt 5:23); la que debía presentar el leproso que había sido sanado (Mt 8:4; Mr 1:44; Lc 5:14). En la epístola a los Hebreos se encuentra veinte veces, y con una excepción (12:7), siempre en sentido sacrificial o religioso. Así, se dice del Señor Jesús que él, por el Espíritu eterno, se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios (9:14) una sola vez para llevar los pecados de muchos (9:28). El verbo 4334 prosérkhomai, προσέρχομαι = «acercarse», describe el acercamiento del pecador a Dios sobre la base de una ofrenda (Heb 4:16; 7:25; 10:1, 22; 11:6). El apóstol Pedro utiliza el verbo 4317 prosago, προσάγω = «conducir cerca»: «Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (1 Pd. 3:18), donde lit. significa «para poder ofrecernos a Dios», siendo la ofrenda de Cristo el medio de acercamiento del pecador a Dios.
La ofrenda material externa del sistema levítico, ya fuera un objeto o un animal, no era en realidad más que un signo y evidencia de la ofrenda interior, de la consagración a Dios de la propia persona; una manifestación ceremonial del amor que se debe a Dios, un deseo de unión con él, de cumplir su voluntad, de realizar la tarea que él ha encomendado. Este es el sentido profundo que el cristianismo otorga a la ofrenda. Así se puede leer en los escritos de Pablo: «Hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional» (Ro. 12:11; cf. 2 Cor. 8:5; Fil. 4:18). De esta manera, ofrece a Cristo un sacrificio de alabanzas a Dios, y los actos de bondad y de comunicar lo propio a los demás como sacrificios de amor y liberalidad agradables a Dios (Heb. 13:15, 16; cf. 1 Pd. 2:5).
V. OFRENDAS A LOS MUERTOS. Las ofrendas a los muertos eran una práctica común de los pueblos antiguos. Se creía que algo del difunto, su doble o alma, necesitaba tras la muerte alimentos como medio de subsistencia. Sobre todo, necesitaban apariencia corporal cuando eran evocados, como cuando Ulises desciende al reino de los muertos (Odisea, 11). En Israel no se conoció ni admitió semejante práctica. Véase ALTAR, CORBÁN, LIBACIÓN, PRIMICIAS, SACRIFICIO.

